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  • Sobre los compromisos: la confianza se construye con acciones

    Sobre los compromisos: la confianza se construye con acciones

    La confianza no se construye únicamente con lo que decimos, sino con lo que hacemos y con la manera en que respondemos cuando no cumplimos lo acordado.

    Hace unas semanas tenía un compromiso pendiente.

    Había acordado con una compañera de mi equipo realizar una tarea en una fecha determinada y terminé cumpliéndola mucho después de lo previsto.

    Por supuesto, podía explicar lo sucedido: había tenido mucho trabajo, otras prioridades se habían cruzado y tenía una larga lista de razones para justificar el retraso. Sin embargo, más allá de las circunstancias, había una realidad que necesitaba reconocer: me había comprometido a hacer algo y no lo había entregado en el tiempo acordado.

    Esta experiencia me hizo reflexionar sobre algo que sucede con frecuencia en los equipos de trabajo: la manera en que gestionamos nuestros compromisos influye directamente en la confianza que construimos con los demás.

    Los compromisos son la base de la confianza

    En un equipo, los compromisos permiten coordinar esfuerzos, establecer expectativas y avanzar hacia objetivos compartidos. Cuando acordamos realizar una tarea, entregar un resultado o cumplir una fecha, otras personas organizan parte de su trabajo considerando que ese acuerdo se llevará a cabo.

    Por eso, cuando incumplimos un compromiso, el impacto puede ir más allá del retraso de una actividad. También puede generar incertidumbre, trabajo adicional y dudas sobre nuestra confiabilidad.

    En su libro The Five Dysfunctions of a Team (Las cinco disfunciones de un equipo), Patrick Lencioni destaca la confianza como un elemento fundamental para construir equipos efectivos. Su modelo también aborda la importancia del compromiso y la responsabilidad mutua para alcanzar resultados colectivos.

    Cuando las personas dejan de confiar unas en otras, la colaboración se vuelve más difícil. Pueden aparecer el distanciamiento, la frustración y la resistencia a depender del trabajo de los demás.

    Por eso, considero importante que aprendamos a responsabilizarnos de aquello que prometemos y a reconocer que un compromiso no debería asumirse a la ligera.

    Aprende a comprometerte de manera consciente

    Cumplir los acuerdos comienza mucho antes de la fecha de entrega: empieza cuando decidimos qué podemos asumir y qué necesitamos negociar.

    Hay tres prácticas que considero especialmente importantes:

    1. Di sí cuando realmente puedas comprometerte.

    Antes de aceptar una tarea, revisa tus prioridades, tu capacidad disponible y los recursos que necesitas. Aceptar por presión, por evitar una conversación incómoda o por querer demostrar nuestra capacidad puede llevarnos a asumir más de lo que realmente podemos cumplir.

    2. Aprende a decir no y a negociar.

    Decir que no a una solicitud no significa falta de compromiso. En ocasiones, es la manera más responsable de proteger los acuerdos que ya hemos asumido.

    Si una nueva prioridad modifica tu capacidad de respuesta, conversa sobre las alternativas: ¿qué actividad puede reprogramarse?, ¿qué apoyo necesitas?, ¿qué fecha resulta realista?

    3. Define con claridad lo que estás prometiendo.

    Un acuerdo debe ser suficientemente claro para que ambas partes comprendan qué se hará, quién será responsable y cuándo se espera el resultado.

    Cuanto más ambiguo sea un compromiso, mayor será el riesgo de que cada persona tenga una expectativa diferente.

    ¿Qué hacer cuando no puedes cumplir un compromiso?

    A pesar de una buena planificación, pueden surgir imprevistos. Las prioridades cambian, aparecen dependencias inesperadas o simplemente calculamos mal el tiempo que necesitábamos.

    La diferencia no está en pretender que nunca tendremos dificultades, sino en cómo respondemos cuando algo no sale según lo acordado.

    Si identificas que no podrás cumplir una fecha, procura comunicarlo tan pronto como sea posible. Explica la situación con claridad, plantea alternativas y acuerda un nuevo plazo realista.

    Evitar la conversación o esperar hasta que alguien reclame el resultado suele reducir las posibilidades de encontrar una solución a tiempo.

    Y si el compromiso ya se incumplió, reconoce lo sucedido, escucha el impacto que tuvo en la otra persona y acuerda cómo reparar la situación.

    En mi caso, cumplir finalmente con la tarea pendiente no borraba el retraso, pero sí representaba un paso necesario para cerrar el acuerdo.

    La responsabilidad no consiste en tener siempre una explicación, sino en reconocer lo ocurrido y actuar para resolverlo.

    La confianza se construye con acciones cotidianas

    Como la confianza no se establece de una vez y para siempre, considero que nuestras acciones cotidianas son una de las mejores maneras de fortalecerla.

    Estas son tres prácticas que puedes incorporar en tu trabajo:

    Tus acciones hablan más que tus palabras.

    Las personas observan lo que hacemos, cómo respondemos ante los problemas y si nuestras acciones son congruentes con aquello que decimos. Cumplir los acuerdos, reconocer los errores y comunicar a tiempo son comportamientos que contribuyen a construir credibilidad.

    Aprende observando comportamientos que inspiran confianza.

    Si no sabes cómo abordar una situación, observa a personas que gestionan sus compromisos de manera responsable. Pueden ser compañeros, líderes, mentores o personas de otros ámbitos. Identifica qué hacen, cómo comunican sus límites y de qué manera responden cuando surgen dificultades.

    Atrévete a conversar sobre la confianza.

    Hablar sobre compromisos incumplidos, expectativas poco claras o formas de colaboración que necesitan mejorar puede resultar incómodo. Sin embargo, estas conversaciones permiten identificar problemas y establecer acuerdos más sólidos.

    Te invito a hacerlo con tus colegas, tu jefe, otros líderes de la organización o incluso con personas fuera de tu entorno laboral. La confianza también se fortalece cuando somos capaces de abordar las diferencias con respeto y apertura.

    La responsabilidad es compartida

    Cumplir los compromisos es una responsabilidad individual, pero también es importante reconocer el papel que desempeña el equipo.

    Quienes coordinan el trabajo necesitan establecer prioridades claras, definir expectativas realistas y dar seguimiento a los acuerdos. También deben crear espacios para que las personas comuniquen dificultades sin esperar hasta que el problema sea irreversible.

    Dar seguimiento no significa vigilar constantemente a los demás. Significa facilitar que los acuerdos se cumplan, detectar obstáculos a tiempo y conversar cuando sea necesario ajustar el plan.

    Cuando existe claridad sobre las responsabilidades y apertura para renegociar los compromisos, el equipo tiene mejores condiciones para responder ante los cambios sin deteriorar sus relaciones de trabajo.

    Una reflexión final: sé intencional con tus compromisos

    Te invito a revisar los compromisos que has asumido recientemente.

    ¿Estás cumpliendo lo que prometes? ¿Comunicas oportunamente cuando algo cambia? ¿Te comprometes con tareas que realmente puedes realizar? ¿Estás dispuesto a reconocer y reparar un incumplimiento cuando sucede?

    No se trata de buscar la perfección ni de asumir que todo está bajo nuestro control. Se trata de ser conscientes de nuestras decisiones y de la responsabilidad que tenemos frente a las personas que confían en nosotros.

    Si quieres fortalecer esta práctica en tu equipo, conviértela en un objetivo compartido: definan cómo establecer acuerdos claros, cómo dar seguimiento y cómo conversar cuando un compromiso está en riesgo.

    Busca ser intencional, consciente y responsable con lo que acuerdas. La confianza se construye paso a paso, pero puede debilitarse cuando dejamos de cuidar nuestros compromisos.

    Carlos Flores Coach
    Coaching ejecutivo, liderazgo y transformación.